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Cómo crear un huerto en casa

Usamos recipientes:

El cultivo en espacios urbanos sin suelo (balcones, terrazas o patios) nos obliga a usar recipientes para albergar nuestras plantas. Estos recipientes pueden ser muy variados; podemos utilizar jardineras, macetas, mesas de cultivo, recipientes a partir de materiales reciclados o construirlos nosotros mismos utilizando bloques, madera u otros materiales.

Sinda Miranda

Sinda Miranda

El cultivo en recipientes tiene algunas dificultades, que son fundamentalmente las siguientes:

– Poca profundidad de sustrato, lo cual puede limitar el desarrollo de algunas hortalizas, sobre todo en el caso de plantas de tubérculo o plantas de mucho desarrollo aéreo y frutos muy grandes como
las sandías. Por ello, debemos elegir hortalizas adecuadas al cultivo en recipientes, comenzando por aquellas que ofrecen menos complicaciones como las lechugas, los rábanos, la rúcula, los ajos etc.

– Dificultades para ajustar el riego. En los recipientes, el agua se agota con mayor facilidad, lo cual nos va a obligar a estar más pendientes del riego. Por otro lado a veces caemos en un exceso de agua que puede provocar un lavado de nutrientes fundamentales para la planta. Por tanto una de las tareas más importantes y donde tenemos que ser más precisos es en el riego, siendo de gran ayuda los sistemas de goteo.

Los recipientes transmiten la temperatura exterior al sustrato que albergan de forma que el sustrato se calienta más en verano y se enfría más en invierno que cualquier suelo, dificultando el desarrollo radicular de las plantas (sobre todo en los recipientes más pequeños).

Para controlar mejor la temperatura es interesante no poner los recipientes en contacto directo con el suelo permitiendo que circule el aire por debajo, en este sentido son muy adecuadas también las mesas de cultivo que además nos van a permitir un manejo más cómodo. Estas dificultades las debemos tener presentes a la hora de planificar y manejar nuestro huerto urbano, pero no nos van a impedir desarrollar nuestro huerto de una forma satisfactoria.

Usamos sustratos:

Para el cultivo en recipientes lo más adecuado es usar sustratos orgánicos. No debemos utilizar tierra ya que esta tiene una mayor densidad y por tanto un mayor peso (hasta 3 veces más que el sustrato orgánico).

Además los sustratos orgánicos tienen una mayor capacidad para almacenar agua y nutrientes lo cual es muy importante teniendo en cuenta las dificultades mencionadas anteriormente del cultivo en recipientes.

Podemos decir que un buen sustrato tiene que tener las siguientes características:

– Ser ligero, para permitirnos su manejo con facilidad y no sobrecargar nuestras terrazas o balcones.

– Tener una adecuada porosidad, que permita una buena aeración (circulación del aire que permita la respiración de las raíces) y retención de agua (que permita que se cree una reserva de agua en el sustrato a disposición de las raíces).

– Retener nutrientes fundamentales.

Estas 3 características las tienen los sustratos orgánicos compostados, como el compost o el vermicompost (residuo orgánico digerido por la lombriz de California) que además van actuar como abonos aportando todos los nutrientes que necesita la planta.

Otra característica fundamental del compost es que va a servir de alimento a los microorganismos que se desarrollan en el sustrato, los cuales van a procesarlo, mejorando la disponibilidad de nutrientes para la planta. Además, el compost va liberando los nutrientes de una forma progresiva, conforme se va descomponiendo, lo cual permite nque el sustrato disponga de nutrientes durante un tiempo prolongado.

Existen en el mercado sustratos que no aportan muchos nutrientes pero que tienen algunas de las propiedades mencionadas (ligereza, aeración, retención de agua y retención de nutrientes) como la fibra de coco o el sustrato estándar. Por ello puede ser interesante y más económico componer nuestro sustrato combinando uno que aporte buenas condiciones estructurales y otro que actúe como abono aportando los nutrientes y las propiedades de la materia orgánica.

Cada vez que acabamos un ciclo de cultivo y retiramos las plantas, es conveniente remover el sustrato para evitar la compactación que éste sufre con el tiempo, mejorando la porosidad y evitando la formación de grietas. También es necesario hacer una nueva aportación de compost o vermicompost para reponer los nutrientes que se hayan consumido o lavado.

El agricultor urbano experimentado puede plantearse como una actividad muy interesante la realización de compost o vermicompost casero, utilizando para ellos restos orgánicos de la cocina y los residuos de poda del propio huerto. Esta labor nos va a permitir cerrar el ciclo de la materia y la energía en nuestro huerto y nos va a aportar un abono de calidad que podemos utilizar para
reponer nutrientes después de cada ciclo o como enmienda para los cultivos más exigentes en nutrientes.

Sistema de riego:

Como se ha mencionado anteriormente, el riego va a ser la tarea que más tiempo nos va a ocupar en el huerto y una de las más delicadas.

El cultivo en recipientes requiere un control más fino de la humedad del sustrato que nos permita mantenerlo con una humedad constante, por lo cual debemos de ajustar muy bien el riego a la época del año y a las hortalizas que estemos cultivando.

Podemos regar de forma manual, lo cual será un buen método sobre todo en pequeños huertos (3 o 4 macetas). Para regar de forma manual, lo más adecuado es el uso de la regadera y haciendo el riego poco a poco para evitar la formación de grietas en el sustrato.

Este es un problema habitual cuando se aplica el agua demasiado deprisa, que provoca que el agua se escurra por estas grietas saliendo por debajo antes de llegar a empapar de forma adecuada el sustrato.

En el caso de que tengamos un huerto relativamente grande y sobre todo si en la época de verano recibimos mucha insolación, es de gran ayuda la instalación de un sistema de riego por goteo con programador. Este sistema nos va a permitir controlar el caudal de riego y la frecuencia de una
forma más exacta, aportando al sustrato el agua que necesita, sin malgastarla y sin provocar excesos de riego que suponen el lavado de nutrientes fundamentales.

Para instalarlo, conectamos a la salida del grifo el programador que abre y cierra el grifo en
función de lo que nosotros le marquemos (normalmente tienen 2 variables: frecuencia de riego y duración de cada riego), a continuación del programador es necesario conectar un reductor de presión que disminuye la presión del agua de la red, haciéndola adecuada a la presión recomendada para los goteros. Por último también es interesante
colocar un filtro que retenga la cal y otras impurezas del agua evitando la obstrucción
de los goteros.

En el caso de no disponer en nuestro balcón o terraza de una toma de agua, podemos optar por montar el riego a partir de un depósito, el cual lo colocaremos en altura para permitir que el agua circule por gravedad. También existe la posibilidad de disponer de un depósito que recoja el agua de lluvia conectado a la bajante de aguas pluviales, aprovechando de esta forma este agua que es de mejor calidad que la del grifo.

Por último comentar la opción de las jardineras con autoriego, que disponen de un depósito de agua en la parte baja que mantiene húmedo el sustrato permanentemente. Este sistema puede dar buenos resultados sobre todo en las hortalizas menos exigentes con el agua.

Cualquiera de los sistemas de riego mencionados puede ser bueno, aunque su buen funcionamiento dependerá de que el sustrato sea de buena calidad y esté bien estructurado, ya que esto permitirá que al regar el agua tenga una buena distribución en horizontal y no tanto en vertical.

Si la estructura del sustrato no es la adecuada el agua tiende a filtrarse por las grietas que se forman y acaba perdiéndose por debajo del sustrato, antes de empaparlo adecuadamente.

Semillas y plantines:

Una vez tenemos claro el espacio que vamos a emplear para nuestro huerto en casa, tenemos los recipientes, el sustrato y el sistema de riego, sólo nos queda conseguir las plantas que vamos a cultivar.

La mayor parte las hortalizas las vamos a obtener a través de semillas (reproducción sexual), aunque también hay algunas que se cultivan a partir de partes de planta (reproducción asexual), como es el caso de los ajos o de las patatas.

Las semillas las podemos conseguir en tiendas especializadas donde encontraremos las marcas comerciales, que pueden sernos útiles, aunque tienen como inconveniente el hecho de que son variedades genéricas que no están adaptadas específicamente al clima de nuestra zona.

Cada vez más podemos encontrar en el mercado semillas ecológicas e incluso variedades locales, lo cual es muy interesante desde el punto de vista de la adecuación al clima de nuestra zona y también por el hecho de poder producir variedades que no encontramos normalmente en los mercados,
rescatando sabores del pasado.

Por último existe otra opción para conseguir semillas que es el intercambio con otros agricultores,
en este sentido cada día son más habituales los jornadas de intercambio que organizan diferentes colectivos.

En una fase avanzada de nuestra experiencia como agricultores urbanos podemos plantearnos también la obtención de semillas de nuestros propios cultivos, seleccionando aquellas plantas
más vigorosas y que mejores cosechas han producido.

Otra opción para comenzar el cultivo de hortalizas puede ser conseguir plantel en comercios especializados. Cada vez son más los viveros cercanos a las ciudades que ofrecen plantel (sobre todo en primavera) debido al aumento importante de aficionados al huerto en casa.

Esta es una opción interesante para aquellos que se inician en el cultivo ya que, aunque no vemos la primera parte del ciclo de la planta, simplifica bastante las tareas del huerto.

Poco a poco, conforme vayamos adquiriendo experiencia, podemos ir combinando el uso de semillas y plantones, incluso ser capaces de obtener y conservar nuestras propias semillas e intercambiarlas con otros agricultores, buscando las variedades locales e incluso haciendo una tarea de recuperación de aquellas variedades tradicionales que están en peligro de extinción.

 

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